He pasado tanto tiempo a tu lado que por más que me esfuerce no consigo recordar la primera vez que te ví. Sí estoy segura que seguís igual que siempre, igual que antes, igual que mañana, con ese aire distante y altanero… reflejando tu inaccesibilidad, haciendo añicos mis esperanzas de encontrarte sonriendo, con tus brazos abiertos de par en par despidiéndome.

Pero no, tus brazos sellados, amarrados por la desidia de algún dios con minúsculas, no se abrirán hoy tampoco.

Te contemplo tranquila, entrecierro los ojos y de improviso, como intentando capturarte, vuelvo a mirarte… pero nada sucede. Y leo entre líneas tu mensaje rechazándome…

Sé que no soy la única, que otras almas también se te acercan intentando conquistarte ¡oh ilusas! Si pudiera controlar mi ira y hablarles de frente, sin dudar les contaría mis penurias contigo, estos meses de subidas y bajadas, esta cuerda floja sin red, este dolor de tener que buscar consuelo en manos ajenas, abriéndome paso a un futuro sin pasar a tu lado…

Pero no puedo con mi genio. Cada día Febo me clava sus dedos dorados en los ojos, recordándome que estoy viva y que hoy, ¡tal vez hoy! sea finalmente el día.

Y con lágrimas de esperanza corriendo por mi cara corro a tu encuentro, contando monedas en mis flacos bolsillos, soñando que me acerco y puedo al fin sonreir al ver que por primera vez desde aquel encuentro lejano, vos, mi querida puerta de atrás del interno 15 de la línea 88, no tenés más el cartelito que dice "No Funciona".

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