Nuestra cronista imaginaria -aquella que no se atreviera a ir hasta el más allá a darle su merecido premio a Nelson- esta vez bastante contenta, se dirige a la lujosa mansión -imaginaria también- de uno de los hombres más poderosos del país. Después de dejarle una buena propina al mayordomo, porque así se lo indicamos, queda bien y tampoco vamos a andar haciéndonos los miserables con semejante e ilimitado presupuesto imaginario que tenemos, se llega hasta el cómodo estar de la mansión. Rápidamente, y antes de que pudiera robarse algún adorno, aparece nuestro buen amigo Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat a saludar.
 
-Ciao ciao bella! Come stai? eh Wilson calentá la pava y hacete unos mates!
 
Atento, y con la pava de plata sobre la mesita, Cris se relaja y nos cuenta la historia de su vida -imaginaria-: su infancia en un pequeño "paese" de la Lombardía, el sufrido viaje en barco hacia América con su familia, durante el cual un iceberg decidió ponerle más emoción provocando el naufragio en el cual perdió a su familia y a Leonardo Di Caprio, y finalmente, las vueltas de la vida, el empeño y las ilusiones hechas realidad para fundar una filial de la automotriz en la lejana Argentina. Más tarde llegó la consolidación, los amoríos con modelos y Flavia Palmiero -mm, got the wrong millionaire- y la paz cuando conoció a su mujer, Mimicha, que le ha dado varios hijos y nietos, pujantes empresarios como él.
 
Pero entre cebada y cebada, el agua se enfría y hay que cambiar la yerba. En sus ojitos la cronista parece distinguir una chispa de terror al ser consultado por la grave crisis vivida durante el 2001. Y claro, la razón de ser de todo periodista que se precie es sacar a la luz las peores miserias del entrevistado hasta que explote en un ataque de pánico o quiera romperle la cámara; por lo que la cronista decide ahondar en el tema:
 
-Cris, no te pongas mal, pero… qué recordás de la etapa del Corralito?
 
Y sí, se logra el efecto buscado. Qué clase de insensible sería si no se compungiera al traer al presente esos días de mierda en los cuales la plata no alcanzaba ni para unas hamburguesas Barfy en los chinos de la vuelta? Cristiano se estremece, llora, se quiebra, Wilson le acerca una pava con agua caliente pero no hay consuelo… desde su dolor alcanza a decirnos:
 
-Obviamente estábamos todos sin plata en el bolsillo. A los que estacionan autos nadie tenía nada para darle…
 
Dura la vida de Cristiano, durísima… pero sigue firme, un ejemplo para todos los argentinos.