"Y sí, la cosa se va a poner jodida" dice con los ojitos empañados por las lágrimas que se niegan a caer. Rodolfo Bonanote, cincuentón empresario argento, tiene que cerrar su fábrica y teme por las represalias de los trabajadores.
Es que en este país, que pregona el desarrollo industrial y las gomas de la Salazar como puerta para entrar al primer mundo, ya no hay lugar para Rodolfo ("Reno", como le dicen sus amigos).
El abuelo de Reno, con mucho esfuerzo, a su llegada de Italia sentó las bases de una próspera fábrica de ceniceros de vidrio, proveedora de las principales confiterías de la ciudad de Buenos Aires y de Susana Giménez, su hijo continuó la tradición con éxito, pero ahora Reno se encuentra con que una mente perversa y con poder de legislar ha dictado una ley macabra: Se prohíbe fumar en espacios cerrados en la Ciudad".
Qué será de "PuchoTotal S.R.L."? A dónde irán a parar los miles y miles de ceniceros que tenía pedidos hasta fin de año? Se pueden reciclar? Reno vuelve a pitar su cigarrillo y nos contesta a los gritos desde afuera del bar: "no sé, esta gente no piensa en nosotros, se llenan la boca defendiendo la salud, la salud, que mejoren los hospitales entonces! Yo ya no puedo más, y temo por mi vida, cómo le explico a la gente que no puede trabajar más porque reemplazan nuestros ceniceros por veredas??"
Y lo entendemos, también creemos que hay que fomentar la industria nacional, no coartar la maravillosa creatividad de los cenicereros, buscar soluciones salomónicas, no derrochar decretos y leyes, evitar que Riquelme se arrepienta de su renuncia a la Selección y que Ileana Calabró grabe un disco.
Rodolfo se va caminando mientras su mente emprendedora imagina dónde va a meter todos esos ceniceros, acaso hacerles piecitos y ponerlos en cada esquina? contratar en forma de pasantía a varios estudiantes de "Arte" (sí claro, "estudiantes") para que hagan una estatua del fumador de bar en memoria de los caídos? poner una empresa de delivery para evitar ensuciar la ciudad con las colillas, con ex-cartoneros malabareando en las puertas de los edificios atiborradas de empleados desesperados fumando bajo la lluvia para que apaguen los cigarrillos dignamente?
Confiamos en él, en que su espíritu no decaerá, aunque de vuelta a la redacción (?) encontramos esta pintada en el colectivo 99. Otro dolor de cabeza para Reno…