Buenas buenas mis pequeños radioescuchas que escuchan la radio mientras me leen, y quizás se toman unos mates o un cafecito bien cargado y oh, suena el teléfono y es… sí, justo ese ser humano que hace días te hace golpear los ratones contra la cabeza y te invita a salir!!! Claro, obviamente adiós Tía y hola "delicioso momento de preparación para salida en la que capaz la pongo" (nótese que esto es válido para ambos sexos, según me contaron, porque yo de eso no entiendo nada).
 
Que la camisita, que el perfume de $200 que usás para Año Nuevo nada más, que el llamado al mejor amigo para contarle, y de una a la ducha, a relajar el cuerpo y eliminar la suciedad que podría hacernos perder el momento. Ya en la segunda estrofa de Color Esperanza estirás el brazo, volcás el contenido del shampoo, champú o como sea que se escriba, en una mano y es ahí cuando descubrís la dura realidad: es crema de enjuagueeeeeeee!!!! Y por si fuera poco: no hay champúuuuuuuuuuu!!!! Entre puteadas, escalofríos (porque saliste de la ducha a revolver los armarios), estornudos consecuencia de lo anterior -sí, antes de que pregunten, así fue que me resfrié- y la cabeza enllenada de crema aparece tu madre a responderte, agresivamente por cierto, que ella sí había comprado shampoo. Chan! es en ese preciso instante donde caemos en la cuenta de la famosa "Conspiración de los Hermanos" -léase: Jhonson y Jhonson, Uni y Lever, Hellen y Curtis, Alberto y VO5, etc-.
 
Pero analicemos cómo nuestro cabello ha llegado a ser una masa similar a la grasa para chicharrones. Como es sabido por tooooodo el mundo, el producto estrella de las empresas mencionadas son los champúes anti-caspa, que son más caros y además tienen un acuerdo con las textiles que venden ropa negra. Por lo tanto, cual matacucarachas que revitaliza a los mosquitos para que uno compre las tabletas que fortalecen a las cucarachas y así gastarnos el aguinaldo de diciembre en productos de "El Buda" (porque no me lo van a negar no?) de alguna manera nos tenemos que llenar de caspa.
 
Bien, hasta aquí parece una misión imposible, dado la juventud brillante que hay en este país -sin ir más lejos me refriegan en la cara que toooodos hicieron más puntos que yo en el test de IQ, los felicito che, joya, todos tenemos nuestro diplomita no? no, no me enojo, para nada, yo estoy muy tranquila con lo que sé, no, no, posta te digo, no hay drama, está todo bien… ah, no te llegó la invitación a mi cumple? che, qué cosa este Hotmail eh… bue, que sigas bien!-, pero los infames investigadores de mercado han descubierto nuestro punto débil: LAS MADRES. Así como lo oyen, nuestra adolescencia perpetua hace que convivamos hasta los 45 años con nuestros progenitores y nos dediquemos únicamente a escribir boludeces, por lo que son nuestras madres las que van al supermercado y se encargan de esas cosas.
 
Entonces, cómo pegarnos? MUY SIMPLE: haciendo los envases de champú y crema de enjuague prácticamente IDÉNTICOS, sólo distinguibles por un pequeño cuadradito con letras tamaño 8 donde dice: "esto es crema de enjuague, idiota". El "idiota" puede sonar agresivo pero es lo que uno lee cuando está desnudo en la ducha y sin posibilidades de agarrar a trompadas al señor Jhonson, a cualquiera de los dos.
 
Por eso:
 
– luchemos contra el sistema!!
– no permitamos que nos engrasen el pelo utilizando a nuestras tiernas y miopes madres como instrumento del mal!!!
– no nos pongamos en bolas sin chequear la disponibilidad!!!
– hagamos un esfuerzo y compremos nuestros propios cosméticos!!!
– juntemos firmas para que los carteles tengan letra tamaño 48 (en caso de no poder cumplir el punto anterior)!!!
– vayamos todos a la Plaza del Sí!! (ah, me informan que ya pasó, bue, vayamos todos a Plaza Francia entonces!!!
 
Será Justicia (y no se me ocurren links para poner)
 
Find the differences!!