En nuestra forma de enfrentarnos al mundo generalmente nos construimos burbujas… las armamos con paciencia y dedicación, las decoramos con las que creemos nuestras mejores cualidades y nos vanagloriamos de ellas frente a los demás. Nos convencemos de que sólo así podremos sobrevivir a la realidad sin que lo
transparente de sus fronteras nos deje ver que simplemente estamos aislando lo que consideramos agresivo.
 
De pronto la vida se cuela por las hendijas que quisimos tapar tan inocentemente y la burbuja estalla en mil pedazos. En ese momento nos hacemos fuertes, nos calzamos la armadura y salimos a pelear con las mejores armas, dejando a un costado la sensibilidad que a esta altura ha demostrado ser una debilidad.
De todos modos, bajo el escudo de nuestro ideal logramos cambiar algo, nos sentimos omnipotentes, queremos cobijar a la humanidad bajo nuestro alero de lucha y revolución, sabemos que podemos llegar lejos, confiamos en nuestro "potencial", aunque más no sea para evitar volver a caer…
 
El poder de la mente? Nada más alejado, somos nuestros mejores demagogos, según la realidad nos persuadimos y elegimos la postura que nos favorece. Dentro de nuestro pequeño mundo amamos y odiamos, vamos de la confianza ilimitada al discurso apocalíptico, somos salvadores, somos miserables, intentamos
contagiar nuestra alegría ficticia así como nos regodeamos de contar nuestros sufrimientos, porque sufrir nos hace sentir el calor de los demás, nos quejamos, peleamos, discutimos, ayudamos también para alimentarnos de la sensación de compartir nuestra gracia, echamos culpas a lo externo, el terrible mundo, el destino, la vida, los demás, todo lo que está fuera de la burbuja nos azota y sólo nos valemos de nosotros para
sobrevivir. Y si lo logramos, triunfalistas predicamos sobre los oprimidos, y si devastados debemos comenzar de nuevo, estiramos la mano aguardando la mirada de un alma caritativa…
 
Pero todo está en nosotros, hasta que comprendamos que estamos a merced de los vaivenes de nuestros propios impulsos, de la ciclotímica idea de asegurarnos un universo finito, controlable, manipulable, y a la vez desde ahí conquistar lo impredecible.
 
Hoy mi burbuja se ha roto, sólo queda comenzar a juntar los pedazos para volver a armarla. Tal vez haya aprendido la lección y esta vez le ponga más ventanas…
 
O tal vez no…