Holasssaamigoooooss!! Otra vez aquí firme junto al pueblo como Crónica TV, aunque con algunos conflictos tecladiles (barraespacidoradura) que sabrán disculpar porque son re copados. En fin, después de un fin de semana agitado como habrán visto en las fotos y de haberme convertido en manager del conejo –lo quieren para un porno con Mike Tyson, así que estamos  viendo el tema de la cobertura médica y el seguro, no querremos que salga lastimado de una filmación- se me dio  por ver películas.

 

La alquilada en cuestión era la segunda parte de la “Balada del Pistolero”, bastante ácida y repulsiva, pero trabajaba Enrique Iglesias y no vamos a despreciar tan brillante performance –además el conejo quería copiar algunas expresiones-. Y dado que fui la última en verla tuve que ir a devolverla al video.

 

En mi camino me atacó por fin la maldita grande de muzza que me inspira al ver algo que creíamos olvidado. Con la invasión de centenas de motonetas deliverenses, las familias hemos perdido la grata y amena costumbre de ir a encargar la pizza o las empanadas, costumbre que era bien aprovechada por los locales y se disfrutaba de una sana competencia. Que partido del sábado en pantalla gigante, que te regalo una porción de pizza de cancha para el camino, que juegos para chicos, que cervecita para bajar el orégano atravesado, que empleados gritando por 5 centavos “Gra! Cias!”, en fin, todo un despliegue de artilugios marketineros de barrio para conseguir clientes.

 

Pero ahora, la mayoría tomamos el teléfono siendo el único deleite buscar el imán correspondiente o delirar a las empleadas cambiando 4 veces la conformación gustósica de la docena. Antes el ritual se componía de varios pasos:

 

  • Picada de bagre: -sábado de veranito, 21.30hs- “viejaaaaa qué hay de morfar?” “Ehm… -cara de nada- te parece comer una pizzita?” “Y dale Tino”
  • Armado de equipo: acá se define más o menos cómo era la cosa, el padre de familia siempre presente, de riguroso shorcito y chancletas Adidas, y al grito de “quién me acompaña a la pizzería?” se iba reclutando al resto. A la nena no porque está arreglando con las amigas para ir a la matiné, el pendejo va y rompe las bolas, mamá no porque dado que no cocina tampoco sale, el más grande no está en casa –llega tipo 23hs para avisar que va a un asadito con lo pibe- por lo que resultado termina yendo el don con el pendejo molesto.
  • Definición de táctica: a ver qué quiere cada uno, que al nene la de ananá ni a palos, a la nena no les palmitos porque los sacan de las palmeras y toda la bola ecologista, que los morrones te destruyen el estómago y mañana vamos a almorzar a lo de la abuela, termina siendo una grande de muzza –como muy sofisticado con jamón- y tal vez una o dos porciones de fainá. A último momento, antes de cerrar la puerta, sale la hija corriendo “traeme 2 empanadas de jamón y queso!!”, a lo cual la mujer se suma con “2 de queso y cebolla” y terminamos con media docena de carne más… y ya que estás completámela con 2 de pollo…
  • Recorrido: generalmente no es mayor a 3 cuadras, lo suficiente para que el benjamín insista en ir con la número 5 por la vereda y que se incluya al perro como parte del team –así sale un poco-. En el viaje nos cruzamos con 4 vecinos, un ex compañero de la secundaria (10 minutos de charla hasta que el nene se pelea con el del amigo) y un par de afortunados que ya vuelven con su caja humeante.
  • Encargado de alimentos: Epa chee! No te apurés, antes sacá número porque adelante hay 25 personas, entre ellas:
    • 5 adolescentes con varias cervezas vespertinas encima
    • 4 o 5 como uno, cuyos hijos se empiezan a mezclar en la vereda entre pelotas, bicicletas con y sin rueditas, patinetas, muñecas y carritos de supermercado en miniatura.
    • 2 o 3 viejos con pinta de futboleros que no prestan atención a otra cosa que no sea la tele y hay que gritarles 7 veces el turno para que respondan.
    • El único delivery-boy que aguarda junto a la caja
  • Espera de turno: entre el griterío una empleada ofrece una porción envuelta en papel de almacén con un diminuto vasito plástico con cerveza, atamos al perro al banco y degustamos mirando con un ojo el partido, otro al nene y otro a esa empleada –qué cantos por favor!!-. Cada tanto la fiel mascota liga un cacho de queso que cae sin dudarlo en la vereda. De pronto divisamos una grande de muzza que sale del horno, delicadamente cae en la caja, le adosan la fainá, le ponen el centrito ese de plástico que hará las delicias de los niños, cierran con el piolín de siempre, le ponen una caja de empanadas arriba y … se lo lleva el del delivery porque siempre, SIEMPRE, sale primero el pedido para el delivery!!
  • Regreso a casa: siendo las 23hs, recibimos nuestro pedido, con las manos engrasadas pagamos la cuenta correspondiente, agarramos a nuestro niño que ya está cansado y quiere ir en upa –menos mal que lleva la pelota él mismo- pero ahora el perro no quiere venir, y no hay caso, hasta que descubrimos que sigue atado al banco el cual ha usado de baño repetidas veces. Bajamos nuevamente al crío, desatamos al perro y emprendemos el regreso, medio mareados por la cerveza caliente.
  • Felíz cena familiar: al llegar el pequeño se durmió y no volverá a molestar hasta el día siguiente, la “nena” se cansó de esperar y se fue a cambiarse a lo de la amiga así tiene tiempo de plancharse el pelo, la doña está aburrida mirando una película de Van Damme en Telefé –sábado a la noche dijimos- y el perro tiene hambre y no hay comida.
  • Resultado: nos comemos las empanadas de carne que eran las mejores, media pizza va para el perro y el resto “la comemos mañana en el desayuno fría que es re fashion, si hasta en los cumpleaños de 15 sirven!”. La fainá, bien gracias dentro de la caja…

 

Me van a decir que prefieren marcar 8 números y aburrirse durante toda la espera??

 

En fin, ahora ya me pedí una ensaladita acá al quiosquito de al lado, ni en pedo bajo y me como un embole esperando ahí!

 

P.D.: Daniel dice que tiene un cassette de… Osvaldo Príncipi!!!!! A ver si alguien me lo confirmaaaa!!!