Es un camino, a veces largo, a veces ameno, tedioso, llano, triste, a veces el paisaje nos moldea, a veces intentamos convencernos que podemos modificarlo a nuestro gusto, esta vida, aquí estamos.
 
Pero no viajamos solos, decenas, cientos quizás de almas errantes como la nuestra nos acompañan de a tramos, con suerte varios kilómetros, en casos especiales casi todo el recorrido. Otros se pierden buscando atajos, intentando nuevos senderos que podrán cruzarse tal vez en algún punto.
 
Con todos compartimos algo, de todos nos llevamos cosas y dejamos un pedacito de vida en común, un bálsamo para cuando el clima se ponga molesto, una risa para los caminos vacíos, un enojo quizás para nublar un poco el sol agobiante.
 
Creemos que los viajantes son como el paisaje, queremos adaptarlos a nuestro paso, a nuestro ritmo, a nuestras mochilas más o menos gastadas, sin reconocer en ellos la individualidad que nos enriqueciera al dejarla ser.
 
Y de pronto, a la vuelta de la curva más cerrada, sin pensarlo ni buscarlo, sin estar representado en nuestro
precario mapa, el oasis y su magia.
 
Magia, milagro, destino? cada quién elige cómo llamarlo, nuestra vía cruza la de alguien especial. Al principio no podemos distinguirlo, seremos tan iguales o será nuestro propio reflejo, nos tocamos, nos contamos el recorrido tratando de confirmar nuestras sospechas, es que acaso hemos encontrado por fin aquella pieza que nos faltaba?
 
No hablo de amor, ni de una sola persona, hablo de esos seres con los cuales nos completamos perfectamente, nos sentimos cómodos, confiamos en apoyarnos en su bastón para seguir el viaje, recargamos nuestras reservas con la esperanza de continuar juntos, todo parece tan simple ahora, no hay necesidad de palabras, en medio de la tormenta no se oyen, arrastradas por el ímpetu del viento, maltratadas por la crueldad de la lluvia, sólo la infinita sensación de estar al lado, de entenderse más allá de todo bastan para enfrentarnos a ella. Reír, llorar, son expresiones de los lazos que nos unen… almas gemelas? quizás, es reconfortante pensarlo así, es perfecto el complemento, no temer a tropezar, a caer, están acá, estamos acá para levantarnos… nos llenan la vida? quizás, sepamos apreciarlos, sepamos cuidarlos…
 
Sí, hablo de amor, porque ninguna otra palabra podría englobar este sentimiento, tal vez me equivoque, tal vez sea imposible clasificarlo en 4 letras, tan inmenso que ni cabe en nuestro cuerpo, sólo hay que dejarlo ser, tal vez el tesoro no está al final del camino, sino que el camino sea nuestro tesoro y la magia esté en saber compartirlo.
 
la vida es sueño? no quiero despertar…
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