Buenas buenas mis radioescuchas que escuchan la radio mientras me leen!! Sé que los he abandonado y que no escribo desde el invierno pasado, pero es que el miércoles 21 tuve la GENIAL idea de hacer el picky nicky de primavera con extel y nuestro buen amigo franco con "c", dada la alergia que le provoca trabajar a esta buena persona se hizo un viajecito hasta la zona de la ofis.
 
Como les decía, nos fuimos a la plaza del Palacio Pizzurno, que después de 45 minutos de deliberación (aproximadamente) descubrimos que es el Ministerio de Cultura y Educación… bue, todo cuesta chee. Yo ya había decidido comenzar la primavera vestida de amarillo, y archivando por varios meses mi horrendo tapado matrix -según daniel es una bolsa de dormir portátil-. La cuestión no sé a qué venía, pero sí, estuve al sol y me resfrié, no pregunten cómo, además ayer me agarró la lluvia y en tres cuadras quedé peor que los sobrevivientes del Titanic.
 
La cosa es que tengo una pequeña obsesión privada con el tema del bronceado. Antes me era más fácil porque estaba todo el día sin hacer nada, pero ahora sólo veo la luz del sol desde el bondi y muy de a ratos, entre los edificios y alguna señora entrada en carnes que me tapa el ángulo. Conclusión: sólo me quedan los fines de semana. Si a esto le agregamos que por la mañana el sol da en el parque de atrás -suena re toooop no?- y no me gusta acostarme sobre el pasto, sólo quedan las tardes donde los cálidos rayos bañan la terraza… Pero no todo es tan fácil como parece, se requieren varios pasos previos al tomar un baño de sol:
 
1. chequear si hay sol
2. buscar la esterita del verano pasado (sé que se dice esterilla, pero para mí siempre fue esterita)
3. revolver el cajón buscando la malla más diminuta -total en la terraza no ve nadie, creo-
4. intentar encontrar el bronceador con olor a coco, y que quede algo
5. volver a buscar la esterita porque ya está el bronceador
6. pasada frente al espejo "diooos! así me queda la malla???"
7. instante de depresión
8. buscar el pote de dulce de leche y comer dos cucharadas total, así no puedo ir a la playa
9. instante de rebeldía
10. vuela el dulce de leche y volvemos a buscar el bronceador
11. buscar el walk-man para escuchar nuestra radio favorita
12. buscar una almohadita para estar cómodas
13. arrimar las cosas cerca del ventanal de la terraza
14. abrir el ventanal
15. estirar la esterita
16. pasar la almohada y sostener la esterita (hay un poco de viento) con el bronceador y el walk-man
17. cerrar el ventanal
18. recostarse
19. escuchar el teléfono
20. levantarse de un salto -a ver si creen que duermo la siesta, por dios!-
21. abrir el ventanal
22. atender sólo para escuchar el tono de "cortaron" y ver cómo se vuela la esterita quedando a punto de caer a la calle
23. volver a la terraza, juntar los bártulos y acostarse nuevamente, esta vez con el inalámbrico a mano
24. darse cuenta que el walk-man no tiene pilas
25. ir a buscar un libro
26. se cansa la vista (y además no se broncea la cara), vuela el libro
27. suena el teléfono otra vez y preguntan por el hermano
28. decidimos entrar de nuevo el teléfono y que espere adentro
29. finalmente conseguimos una posición relativamente cómoda, pero ya son las 17.30hs
30. se termina de nublar el cielo y el viento se enfría de a poco
31. entrar y prender la pc
32. ver cómo cae el sol, se van las nubes y uno se queda con la cara empastada de bronceador, muerta de frío, con los ojos hinchados y ni un rastro de enrojecimiento en la piel
 
Gracias señores, ese fue mi sábado…  
 
NOTA P.S.: El domingo la maldita justicia poética, mi peor enemiga, hizo que todo saliera bien, asíque sigo en la Academia para sumar uno o dos tonos a mi piel…
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