Mis queridos aficionados… lamento no haber podido deleitarlos el día de ayer con mis fantásticos relatos, pero he vivido una experiencia cercana a la muerte, tan cercana como 15 centímetros (sé que los varones que lean esto se asombrarán más aún por el hecho de que para ellos algo de 15 cm mide como mínimo 20, no sé por qué). Les cuento que regresaba a mi hogar luego de un agobiante día de trabajo y todo pintaba demasiado bien para un lunes, el día había pasado raudo y veloz luego de almorzar a las 15:35, había logrado sentarme en ambos colectivos y llegaba a un horario relativamente normal, cuando pulsé el botón y se encendió el cartel de Parada Solicitada, sin saber que ese podría haber sido mi último acto conciente en esta vida -lo cual no implica que desde el más allá no siga actuando-, la puerta se abrió de par en par, miré para atrás como avisa la inscripción pero el destino es medio yeguo y más cuando todo pasa en un segundo, pisé el asfalto y a 15 cm de mí pasó una moto a tal velocidad que si llegaba a dar un paso más me levantaba como sorete en pala, perdón, en moto y hubiera recorrido en el aire el trayecto de 3 cuadras hasta mi casa. Sólo atiné a decir "la puta madre", lo cual hubiera sido más que digno para una muerte tan triste, o en el mejor de los casos, una sobrevida agonizante y cuadriplégica que me permitiría retirarme del secretariado para continuar escribiendo libros sobre física cuántica (capaz que saco cuánto vale un metro de terciopelo…). Digo, no serán las palabras de Belgrano o de San Martín, pero un buen "la puta madre" cuando te imaginás volando por avenida de Mayo es más que interesante. En fin, llegué a mi casa con muchas ganas de llorar y pocas de escribir, sabrán comprender…

Y en eso estaba, llorando y comiendo un alfajor triple de Pepitos, cuando me puse a pensar lo triste, lo desalentador que hubiera sido mi fenecimiento de esa manera. Es que acaso este cuerpo moldeado a Pilates, cuyo destino era una vida de lujos, fama y viajes de placer debía terminar incrustado en una remisería? esta mente brillante podría dejar a cientos de navegantes solitarios sin sus magníficos relatos? podría alguien vivir sin la tía y su turbolino mágico? y me dije a mi misma "No, boluda", algo (llámese destino, Dios, Alá, el espíritu de Curly o mi retraso mental al bajar del bondi) había logrado ponerme de este lado, del de los vivos, para algo, para cumplir una misión… el tema es cuál? podría hacer como el de Cruzada y esperar que un rey leproso me diga qué debo hacer o buscar yo misma, por ahora me dedicaré ser buena persona -va a costar, ya sé, no se rían- y a ceder los asientos en el colectivo, aunque no me dan muchas ganas de viajar ahora, pero hasta que el destino de lujo y fama llegue y tenga mi propio chofer, así deberá ser. 

Sólo sepan que los quiero y a vos, hijo de pu$a de la moto, te deseo una larga e infeliz vida… (bue, soy buena a partir de…5…4…3…hijo de putaaaaaaa…2…1…YA!)     

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